¿Cómo afrontar las vacaciones de los niños tras una separación?

A veces, las expectativas de estar en verano con los hijos en solitario dan vértigo tras un divorcio.

Las vacaciones son por excelencia el tiempo de disfrutar juntos toda la familia. Sin embargo, no se puede olvidar que cada vez existe un mayor número de padres separados y que en estas fechas se reparten a sus hijos. Una situación que, a buen seguro, será utilizada por los hijos para intentar sacar el máximo partido de sus padres.

Saber reaccionar y no desesperar ante los contratiempos o reacciones inesperadas de los hijos a veces no resulta fácil, sobre todo cuando los progenitores esperaban con ansia el momento de disfrutar de los hijos, después de su separación o divorcio.

Según la psicóloga Cristina García Desplat, gran parte del éxito de las vacaciones va a depender de cómo las afrontemos psicológicamente. « Pensar que vemos poco a nuestros hijos y que hay que aprovechar al máximo puede ser una presión añadida, especialmente cuando no se tiene la custodia».

Acerca de este tema David Abuhadba fundador y creador de la agrupación Amor de Papá, escribió en una columna de opinión titulada: ¿Otras vacaciones sin ti?

Para que este tiempo en familia sea los más provechoso y positivo posible, la psicóloga García Desplat recomienda tres situaciones que hay que evitar:  

1. Grandes expectativas: No se obligue a disfrutar, ni reproches a sus hijos que no disfrutan lo suficiente. Acepte las cosas como vengan y olvídese de las grandes expectativas. Porque siempre sale algo mal. Puede llover, los transportes se retrasan, los niños se pelean, dicen que se aburren o se pasan el día llorando. Es normal y también pasaría si los padres no estuvieran separados. No tiene sentido reprocharles que no disfrutan lo suficiente y menos echarles en cara lo mucho que le ha costado o lo duro que ha trabajado para conseguir pasar unos días fuera en un bonito lugar.  

2. Exceso de mimos: Es habitual compensar nuestras inseguridades colmando al niño con todos sus caprichos o consintiendo comportamientos tiránicos para que pase unas «felices» vacaciones. Lo sano sería ayudarle a comprender y aceptar que hay un orden en las cosas y ese orden no lo deciden los hijos, aunque se pueden tener en cuenta sus opiniones si las expresan con corrección. Una buena receta podría ser: amabilidad, respeto y mucho cariño, pero siempre con firmeza. No ceder ante las pataletas y tener mucha paciencia para no responder con gritos a sus gritos.  

3. Evitar meter al niño en nuestras guerras: Cuando el otro progenitor no quiere o no puede cumplir los planes pactados para las vacaciones debe tener presente que para los hijos es importante no sentirse rechazado, ni abandonado. Nuestra posición ha de ser la de ayudar a aceptar, comprender y perdonar, para que el niño pueda superar la frustración. 

Fuente: ABC (España)


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